lunes, 6 de septiembre de 2010

El huérfano de la mansión,el origen

Cuentan las viejas leyendas, que en tiempos lejanos, quemaban a las brujas en las hogueras por diferentes motivos. Mi historia empieza ya hace muchos años atrás, cuando las wiccas buscaban remedios para todo y los guerreros luchaban para salvar sus reinos y sus gentes. Hubo un poblado en las profundidades de la Galia, un poblado que nunca había sido arrasado con anterioridad. Una joven campesina, era diferente a los demás, buscaba el saber de todo lo oculto, el saber de todo, leía todo que caía en sus manos, todos los libros que había y por haber se los leía una y otra vez, le gustaba incluso la alquimia, la sabiduría profana y la más oscura, e incluso traducía textos de los más clásicos hasta los más oscuros pensamientos que había en esa época. Lo que más le entusiasmaba eran las historias más oscuras y misteriosas, de seres más extraños jamás vistos, y sobre todo los “vampiros”, nunca presenciados, ya que para ella eran simples leyendas y nunca jamás salió de su poblado…


Siempre iba investigando, buscando cosas interesantes, intentando encontrar más de una respuesta a todo. A esta chica le llamaban Morgane, por su increíble inteligencia, y por su gran capacidad de querer aprender, además ella ya no se acordaba de su nombre, solo respondía a ese curioso nombre, ya que nadie en aquel poblado se llamaba así, solo en la antigüedad.



Iba pasando el tiempo, Morgane iba interesándose más por el misterio, por la brujería, por la oscuridad, de escuchar leyendas e historias jamás vividas… Cuando ya era una mujer, se fue de su poblado, donde pasó toda su niñez, ya no le daba ese interés personal, había aprendido mucho, pero ya no le llenaba interiormente, quería abrirse al mundo, quería innovar, quería abrirse hacia lo desconocido, ya que en el mundo donde vivió toda su vida ya no le podía dar más. Cojió su alforja de piel y metió lo imprescindible, y emprendió su camino, a comenzar su nueva vida, a ir a lugares a aprender nuevas cosas, escuchar nuevas historias oscuras y macabras, mientras trabajaba en varios sitios para poder comer cada día…



Hasta que se hospedó en un lugar al sur de la Galia, a varios días de lo que era su casa, empezó a trabajar en una taberna, que a la vez era un hostal, en el cual circulaba mucha gente, que entraba y salía. Una noche, cuando era su turno de camarera en la taberna, entró un hombre, con una capa oscura y con atuendos que nunca vio, como si fuera de otra época, a Morgane le sorprendió, ya que nunca vio a una persona así. Nadie se percató de su presencia, entró andando con una suavidad espectacular y se sentó en la única mesa que había, únicamente para una persona, en un rincón, indiferente para todos y que podía visualizar todo lo que le rodeaba. Morgane se quedó por un instante un tanto extrañada, pero tenía que hacer su trabajo, entonces se acercó a es extraño hombre y le dijo:

- Buenas noches buen señor, ¿qué desea tomar?

El señor la miró directamente a los ojos, su mirada era un tanto escalofriante y sombría, dándole un poco de miedo a Morgana, hasta que empezó a hablar:

- Eres Morgane, ¿verdad?

- Si, soy Morgane, ¿quién eres?- preguntó Morgane muy sorprendida

- Te estaba esperando, quien sea, eso ahora no importa, lo que importa es que ya te he encontrado, te he buscado durante mucho tiempo, sé que buscas respuestas y yo te las puedo dar.

Morgane aún más asustada, pero a la vez interesada en lo que decía ese hombre tan misterioso para ella, y ya le dijo:

- Te espero en el castillo abandonado, en el que está al lado del cementerio, ve mañana por la noche y ve sola, y ah!, se me olvidaba, me llamo Damion.

Morgane cuando quiso hacerle la última pregunta, él se había esfumado entre la gente. Ella se había quedado helada, como petrificada…, pensativa, ¿quién era ese hombre y de qué la conocía?, y sobre todo, ¿qué respuestas le iba a dar?

Ella cuando salió de su trabajo, se fue a su casa, se quedó toda la noche sin dormir, pensando, muchas preguntas le venían a su mente, pero siempre le rondaban en torno a ese hombre tan misterioso para ella y que nadie se percató de su presencia en donde trabajaba, fue como un fantasma cuando llegó y cuando se fue.

Llegó el día siguiente, para Morgane, se pasaron las horas muy lentas; se fue al castillo abandonado que le dijo ese extraño hombre, Damion, fue a media tarde para llegar lo antes posible, pero llegó justamente cuando estaba anocheciendo; cuando llegó la entrada del castillo, vio en la entrada de la puerta, dos estatuas algo misteriosas, eran unas gárgolas un tanto siniestras, pero de todas formas entro, quería volver a ver a ese extraño hombre, que decía conocerla. Estaba mirando atentamente a su alrededor, al patio interior del castillo, estaba todo medio derrumbado, como si hubiera habido una guerra ahí dentro; entonces llegó Damion por detrás de ella y dijo éste:

- Por fin vos habéis llegado- dijo Damion susurrándole casi al oído- te he esperado durante mucho tiempo bella dama- poco a poco dejando una distancia prudente, acercándose a un porche un tanto oscuro.

Morgane muy extrañada por todo, quedándose fija donde estaba, comentó sigilosamente:

- ¿Bella dama? ¿Por qué me esperabas?, y sobre todo, ¿qué tenías que decirme?

- Eh, eh, eh!, tranquila, no haré nada que te hiciera daño, simplemente responderte algunas cosas que ibas buscando desde niña, te he cuidado desde pequeña, a través de la distancia, velando tus sueños…

Morgane demasiado sorprendida, cuando fue a hablar aparecieron dos “monstruos” desde el cielo, ella se asustó por un momento, pero cuando se fijó bien, eran las dos gárgolas que estaban en la entrada, que habían cobrado vida cuando llegó la noche, y se posaron por delante de su amo, para protegerlo de la intrusa, de Morgane. Entonces Damion le comentó: “No te preocupes, bella dama, son mis guardianes de la noche, me defienden a mi y a este lugar sagrado”

Morgane respiró relajadamente, y le preguntó:

- ¿De qué me conoces? ¿Qué respuestas me tienes que dar?

Damion, asombrándose, comenzó a decirle:

- Como te he dicho antes, he velado tus sueños, te he cuidado desde la distancia, lo único es que no me conoces, no me has visto…, ahora te tendré que ir poco a poco desvelando secretos, respuestas a las leyendas que has escuchado desde pequeña.

- ¿Qué nunca te he visto?- dijo ella- bueno, la verdad es que llevas razón, no recuerdo haberte visto nunca

- Eras muy joven para recordarlo, hasta que maduraste y desapareciste, te he buscado todo este tiempo, tengo una misión para ti, pero aún es demasiado pronto para saber si eres en realidad la persona que busco- le dijo Damion a Morgane, mientras volvía a acercarse a ella lentamente

- ¿Qué misión? Me sorprendes cada vez más, no te he visto nunca, se me hace raro…, bueno extraño, de que estés observándome desde mi niñez, eres una caja de sorpresas

- Bueno, tan poco es para tanto- dijo él con aspecto vergonzoso- la primera respuesta a tus inquietudes. A partir de ahora, verás y percibirás todo lo oscuro que has leído desde pequeña, podrás hacer todo lo que aprendiste de la alquimia, por ahora es mi primera respuesta.

Morgane sorprendida, se quedó tan pálida como el rostro de Damion, el cual le parecía un tanto misterioso

- Esto, aunque parezca todo en ruinas- prosiguió Damion, acercándose a ella, hasta ponerse justamente delante de ella- por dentro está todo como era en tiempos anteriores a éste, está todo, como si nunca hubiesen penetrado, te invito a entrar a mi morada, a mi hogar



Morgane le miró directamente a los ojos, y empezó a caminar hacia la entrada que señalaba Damion, las dos gárgolas se quedaron afuera, vigilando aquel lugar. Los dos entraron, y Morgane, cada vez más se sorprendía, Damion llevaba razón, dentro era totalmente diferente al exterior, había grandes candelabros y hermosas vidrieras que adornaban tanto las ventanas como la habitación principal, mesas enormes de roble, cuadros cuyo marco estaba echo de oro (o por lo menos lo parecía), alfombras enormes y al parecer que eran de terciopelo, la primera sala que vio Morgane, de tal lujo y de gran inmensidad.

- Te tengo que enseñar un lugar- dijo Damion- una sala, la cual, te va a encantar, y te vas a sentir de nuevo, como aquella niña que vos era hace algunos años. Permitidme el placer de enseñaros la habitación.

Morgane se le iluminaron los ojos y pensó: “¿hacia a donde me llevará?, ¿cuál será ese lugar?”, le siguió y su corazón cada vez le iba latiendo con más rapidez. Damion la llevó hacia una gran puerta de madera y hierro, muy bien cuidada, la abrió y las velas de los distintos candelabros se encendieron de golpe al entrar, iluminando así la gran sala, la cual también tenía grandes ventanales, era una gran biblioteca, con una gran inmensidad de libros, la cual a Morgane le entusiasmó enseguida, y aparte se quedó intrigada en el momento en que se encendieron las velas cuando pasaron, comentándole así a Damion:

- ¿Cómo has hecho eso?- le preguntó

- ¿El qué?, ¿lo de las velas?

- Si, lo de las velas, para que se encendieran completamente solas

- Es un simple truco, ya te lo enseñaré algún día, será más adelante, no tengas prisa bella dama. Además, en el momento en el que estés preparada, aprenderás magia y hechizos de verdad, y tendrás todo el saber de la brujería, eso que no te quepa duda alguna. Sólo te propongo una prueba, y es que encuentres un libro, un libro que es muy especial, ahí aprenderás todo sobre este tema.

Morgane tenía cada vez más dudas, estaba más aturdida, Damion se percató de ese detalle, sin necesidad de mirarla:

- Te enseñaré vuestros aposentos, tenéis que descansar bella dama, sé que estáis cansada y demasiado sorprendida por todo lo que estás viendo- dijo él, con un tono melancólico- venid, os enseñaré vuestros aposentos

Le llevó a través de un pasillo, con grandes ventanales, apenas había velas encendidas, ya que la luz de la luna entraba por las cristaleras, lo cual daba bastante visibilidad. Damion abrió una puerta que estaba al final del pasillo, el entró primero, y después Morgane, se quedó aún más sorprendida. La habitación era totalmente diferente a lo que había visto de ese castillo, pero seguía manteniendo el lujo y la gran luminosidad que del resto de las habitaciones, con una gran chimenea de piedra enfrente de la cama, la moqueta cubría todo el dormitorio, la cama era enorme y tenía las sábanas e seda…, Morgane se sentía como una verdadera reina, hasta que Damion le dijo: “Os dejo a solas, acomódate y descansa. Te aguarda alguna que otra sorpresa más a partir de hoy”. Morgane asintió con la cabeza sin decir palabra alguna, Damion salió, cerró la puerta y se fue.



Al día siguiente, Morgane se despertó, por los rayos del sol que penetraban por los ventanales, se vistió y se fue al gran salón, que estaba bien iluminado. Buscó a Damion por las distintas salas las que vio y no vio la noche anterior, pero no lo encontró; buscó la cocina, que estaba cerca del gran salón, comió algo, y se fue de nuevo al gran saló, desde allí recordaba donde estaba la biblioteca. Cuando llegó, cojió un libro de alquimia, que le encantaba, y se percató de un pequeño laboratorio, ya que la noche anterior de la misma ilusión, no se fijó que estaba allí. Hizo algunos experimentos que estaban escritos, de forma de entretenimiento; había allí al lado un sillón largo, en el cual, después de un largo rato de hacer experimentos, se cojió otro libro también de alquimia, se sentó y se puso a leer. Cuando llegó el mediodía, buscó de nuevo la cocina, para comer algo, encontró algo de comida, se sentó en una mesa hecha de madera de roble, comió algo, recogió lo poco que había cogido, y lo llevó de nuevo a la cocina, y se fue de nuevo a la biblioteca, con prisa, quería leer aún más. Cuando llegó otra vez a la biblioteca, Morgane estuvo mirando los libros de las estanterías, encontró uno muy envejecido, del mismo uso que hubiera tenido, pensó, era diferente a los demás, y había un detalle que le sorprendió, no tenía título alguno, y en la portada había un símbolo celta, que enseguida reconoció, era la trisquel, y era un símbolo de protección. Morgane lo cojió, mostrando un gran interés en su contenido, se sentó de nuevo en el sillón y abrió el libro. En sus primeras páginas estaban en blanco, pero había una inscripción: “Para Damion, guárdalo para el resto de tu eternidad, en un futuro te servirá para ayudar al alma inquieta de saber, tu fiel amiga y bruja LUNA”. Morgane, extrañada, empezó a leer. El libro había hechizos, dibujos demostrativos, apuntes y anotaciones, escritos a mano con puño y letra, escritos todos a pluma, y una letra clara, perfecta y entendible.



Cuando llegó la noche, Morgane, aún seguía en la biblioteca, leyendo detenidamente aquel libro tan extraño, pero a la vez excitante. De repente notó una presencia extraña, un frío penetrante, ella no sabía el porqué de esa bajada de temperatura tan repentina, y sin casi sin darse ni cuenta, entró Damion por la puerta:

- Me imaginaba que ibas a estar aquí- dijo él mientras observaba que tenía ella el libro en sus manos- me sorprendes que tengas ese libro, tan apreciado para mí.

- ¿Éste?- enseñándole ella el libro a Damion- ¿qué tiene ese libro en especial?

- Es un regalo de una vieja amiga, el único recuerdo que tengo de ella.

- Es de brujería, aquí viene toda clase conjuros y hechizos…, todo un arte oscuro

- Si, es de brujería, piensas que es un mundo lleno de oscuridad, pero es una ayuda, aunque puedas pensar todo lo contrario. Aquí puedes invocar…- Damion se quedó pensativo, no sabía si contárselo, no sabía si estaría preparada para saber y aprender lo que contenía en ese libro…

- ¿Invocar el qué?, no te entiendo- preguntó ella, con un aire de misterio

- ¿Te acuerdas, de pequeña, que te gustaba los seres ancestrales y que sólo había escritos y cuentos?- empezó a comentar Damion a Morgane haciéndole esta pregunta.

- Si, lo recuerdo, pero sólo había uno en especial, que sepa ese ser no se invoca ni nada, además, es difícil encontrar uno, ya que apenas se les deja ver, suponiendo de que existan…- dijo ella intrigada, y a la vez haciendo que Damion hablase, ya que no se le vio en todo el día.

- Lo sé, hay uno que no se invoca, y ahí no lo encontrarás; sólo ahí encontrarás a los seres mito- lógicos, invocarlos y dominarlos sobre todo, aparte de otras cosas…

- ¿Seres mitológicos? ¿Cómo tus gárgolas, que me asustaron anoche?

- Sí, de ese tipo, las gárgolas son solo un ejemplo. Éstas protegen éste lugar, las tengo enseñadas para proteger este lugar, por eso aquí dentro no está destrozado como fuera, está todo intacto, como era antes, hace casi 100 años.

- ¿Cómo sabes eso?- preguntó Morgane-, no se te ve tan envejecido, solamente tienes un poco de palidez.

- Simplemente lo sé- dijo Damion, poniendo una pequeña sonrisa en la boca-, lo de mi palidez es otra historia, ya os lo diré cuando estéis preparada, aún no os lo puedo decir.

- Tengo mis sospechas, aunque no me lo quieras decir- comentó ella con total seguridad.

Damion la miró de reojo mientras iba andando hacia las estanterías, no quitaba de su boca esa pequeña sonrisa. Ojeaba sus libros, su pequeño tesoro, sin embargo era una gran habitación repleta de libros y documentos, hasta que al final, comenzó de nuevo:

- Morgane, tendrás esas sospechas, pero te recuerdo una cosa, es preferible que te lo diga yo, nunca te apresures, ya que no lo puedas aceptar y menos que te guste la idea…

- ¿Idea?, ¿qué idea?- preguntó ella, un tanto mosqueada, ya que nunca le había gustado que le dejasen en la intriga, y Damion en parte lo estaba consiguiendo.

- Tiempo al tiempo, bella dama, la paciencia es una gran virtud.

Morgane se quedó pensativa, en parte Damion llevaba razón, no le conocía apenas, le inquietaba todo, pero tenía que esperar, hasta que él contase su historia, hasta que él diera ese paso, ya que la de ella ya se la sabía en mayor parte.

Llegó un momento que le dijo Damion, señalándole el libro:

- Apréndete ese libro que tienes entre las manos, te va a servir en un futuro.

- ¿Por qué?- preguntó Morgane, olvidándose de los pensamientos que le rondaban.

- Te va a servir en un futuro, como te he comentado, dentro de un tiempo vendrán cambios y tendrás que estar lista y preparada.

- ¿Eres adivino o algo así?

- No, solo es intuición, ya te explicaré todo cuando sea necesario, es un pequeño favor que te pido.

- ¿Cuál?

- Confía en mí, nunca te haría daño- le dijo Damion cuando se acercaba hacia la puerta para irse- Hazme caso y léete bien ese libro, te servirá de gran ayuda y vas a aprender lo todo lo que has imaginado en tu niñez, lo que aún no has aprendido a lo largo de tu vida.

Morgane se quedó perpleja, Damion la miró de reojo, le sonrió y salió de la habitación. En un instante, cuando Morgane salió de su asombro, salió corriendo hacia la puerta, cuando la abrió y miró la habitación contigua, ya allí no había nadie.

Morgane, por un momento, se quedó desilusionada, al no ver a Damion para preguntarle, cada vez más iba teniendo más dudas.



Los días iban pasando, Morgane ya apenas veía a Damion, solo de pasada, algunas preguntas de cómo iba y poco más. Morgane, siguió el consejo que le dio Damion aquella noche; poco a poco iba memorizando aquellos conjuros y hechizos de aquel libro, de hacer hechizos cada vez más potentes, pero siempre a las afueras del castillo, un poco a la lejanía, para no deteriorarlo más de lo que estaba, llegó a dominar a las gárgolas, leyó con mucho detenimiento los hechizos relacionados con los dragones, se informó sobre este tema, aunque había poca información sobre los dragones, lo poco que había era escritos llegados de China y Japón, y lo que había escrito en ese libro, aunque los leyó con gran interés y entusiasmo, ya que eran seres de leyenda, y les parecía interesantes y misteriosos al mismo tiempo.

Pero a Morgane aún tenía a su ser favorito en mente, los vampiros, y una gran duda le rondaba, la cual era que si Damion sería uno de ellos, o al menos uno de los últimos, ya que tenía sus sospechas: aparecer únicamente por la noche, la piel tan clara, sus vestimentas, no comía (o al menos eso le parecía a ella, ya que nunca lo veía), sus vestimentas un tanto diferentes a lo que ella había visto….

Morgane cada vez iba mejorando en la brujería con el paso de los días a través de ese libro, poco a poco iba mejorando en los conjuros, iban siendo más potentes con el paso del tiempo y de su continua práctica, iba invocando más seres mitológicos, y aún más en aquellos que apenas había escuchado hablar.... Hasta que un día llegó al último conjuro, y se dio cuenta que el libro estaba sin terminar, había bastantes hojas en blanco, sin escribir, por una parte pensó en aquella bruja, llamada Luna, no pudo realizar y escribir más conjuros en aquel libro, aunque dejaba el margen de la duda. El último conjuro que había escrito, era un tratado sobre el poder de los muertos, como invocarlos para que su espíritu aparezca en forma de ayuda, como poder hablar con almas perdidas y llevarlas al otro mundo, etc.; ella solamente lo leyó, algo interior hacía que tuviera miedo en ese aspecto.

Damion estuvo varios días sin aparecer, cosa que Morgane ya no le parecía extraño, ya que alguna vez lo había hecho. Hasta que un día, después de un tiempo, apareció entre la tormenta, Morgane estaba en la fachada del castillo, bajo la fuerte lluvia, con la mirada perdida en aquel castillo, con cara pensativa. Esa noche era muy lluviosa, pero apenas corría aire, Damion se acercó a ella, Morgane le escuchó acercarse, por el sonido que hacían sus zapatos sobre el agua, ella apenas se inmutó, solo giró un poco la cabeza, y le comentó, volviendo la mirada al castillo:

- Al fin estás aquí, has estado ausente durante varios días, se me ha hecho un poco raro no verte tanto tiempo sin estar por aquí

- Si, fui ha hacer un viaje- dijo él mientras se acercaba

- Me intuyo qué tipo de viaje…

Damion se sorprendió por un instante, pero siguió con la conversación:

- Entra al castillo, vas a coger frío.

- No te preocupes- le dijo ella-, ya se todo de ese libro, menos el último conjuro, que solo lo he leído. Estoy pensando en una cosa.

- ¿Qué cosa?- dijo él, mientras llegaba a la altura de Morgane-, ¿en qué estás pensando?

- En hacer un conjuro nuevo, cambiar en la fachada del castillo, convertirlo en una mansión, solo lo que es el aspecto externo, en lo que es el interior va a seguir intacto tal y como está, pero con alguna sala más.

- Entra en el castillo, al calor del fuego, y piénsalo como queráis vos, si quieres cambiar el aspecto del castillo e una mansión, es tu decisión, pero hazlo cuando apacigüe la lluvia.

- De acuerdo, entrare, pero prométeme en contarme una cosa, sin rodeos.

- Dime- le dijo mientras iban entrando-, ¿qué quieres saber?

- Solo te pido que me contestes con sinceridad, no me guardes más secretos, ya sé bastantes cosas de ti, pero sólo me queda una…

Damion le miró fijamente, clavándole la mirada a Morgane:

- A ver, sorpréndeme.

- Como empezaría…- Morgane dudaba si decírselo o no- pareces en sí un humano, pero tienes aspectos que no creo que lo sean, aunque en apariencia si lo es…

- ¿Quieres saber si soy un vampiro?- preguntó Damion, interrumpiéndola, Morgane, se sorprendió por la interrupción, Damion prosiguió- ¿En que te basas?, sé que piensas en eso.

Morgane, no sabía como reaccionar, aunque se basaba en detalles…:

- Dímelo tú con toda seguridad, ya que sabes en qué puedo pensar

- Sé que piensas que soy un vampiro desde hace ya un tiempo. Al final te lo confirmo: soy un vampiro, pero soy el último. A mi familia la exterminaron hace mucho, la asesinaron, así se extermino la raza, menos yo, que pude salir vivo, he podido sobrevivir hasta el día de hoy…

Morgane, estupefacta, se quedó con un aire pensativo y misterioso en lo que le decía Damion, mientras tanto, él prosiguió:

- Mi amiga Luna, la de la inscripción en el libro, me lo dijo a través de una de sus visiones hace más de medio siglo, que iba a conocer a alguien, que iba a ser su sucesora, y a parte iba a ser la única persona que podía darme un heredero, que iba a perdurar a través de los siglos, alejado del mundo, viviendo en este castillo. Tú eres la elegida, por eso te he esperado, he guardado silencio, te cuidé en tu niñez igual que ahora, eres todo, eres la única…:

Morgane, le miraba con los ojos bien abiertos, muy sorprendida de esas palabras de Damion, y ella empezó a hablar:

- Algo sabía, por intuición, por tu palidez, nunca te he visto probar bocado, y sólo te veía por la noche. Sólo eran perspectivas, teorías, pero nunca pensé que iba a ser cierto- dijo ella, casi tartamudeando.

- Lo sé, lo he notado en tu mirada, pero nunca pude leer tu mente, hay algo que me bloquea; desde que lo intenté la primera vez supe que ibas a ser tú, la sucesora, y la mujer de mis sueños…

- ¿La mujer de tus sueños?, ¿acaso ahora sueñas conmigo?- preguntó ella.

- No es eso, antes era humano, fui convertido hace mucho tiempo, y tenía sueños algo extraños, a los que posteriormente se lo pregunté a Luna, la cual me respondió con lo que te ha dicho antes. Ahora aunque sea un vampiro, y el último, algo sueño, pero poco y siempre borrosos. Y lo de mi mujer de los sueños…

- Damion, sigue, recuerda que no me gustan las intrigas- dijo ella, mirándole fijamente, ya que Damion parecía que se entrecortaba.

- Estoy enamorado de ti, he intentado conquistarte, pero se me ha hecho muy difícil, apenas me has hecho mucho caso, siempre estabas ocupada con los conjuros.

Morgane impresionada, le contestó: “Estoy totalmente perpleja, no sé qué decirte, nunca me ha ocurrido algo así, la verdad es que me has sorprendido bastante, pero… ¿desde cuando?

- Si lo sé, ya sé que nunca ye ha pasado esto, estoy enamorado de ti desde el primer momento en que te vi, después de tanto tiempo, pero hay un última cosa que quería pedirte- dijo él

- ¿Si? ¿Qué cosa quieres pedirme?

- ¿A vos, quisiera ser mi esposa?- preguntó él con un tono vergonzoso, le daba apuro de hacerle esa pregunta.

Morgane no sabía que decirle, empezó a sentir calores después de esa petición, se puso colorada, y las piernas les temblaban de los mismos nervios. No sabía como reaccionar, ella sentía algo por él, más de lo que podía pensar, hasta que él empezó a hablar:

- Bueno, supongo que me vas a decir que no, después de todo, tú eres una humana y yo un ser de la noche.

- Si, me quiero casar contigo. Dijo ella mirándole a los ojos, ahora era él era el sorprendido, Morgane prosiguió- Pero solo te hago una proposición.

- ¿Qué proposición?- preguntó Damion

- Que me conviertas en una vampiresa, quisiera vivir la eternidad a tu lado

- ¿Cómo? ¿Qué te convierta?- preguntó él, que aun no salía de su sorpresa-, ¿estás segura de lo que me estás pidiendo?

- Si, estoy segura, del todo, quisiera que me convirtieras.

Damion se estaba quedando perplejo, no salía de su asombro, estaba más asombrado que Morgane en el momento en el que le había pedido matrimonio. Hasta que reaccionó, empezó a hablar para hacerle otra proposición:

- Solo te propongo una cosa, pero tienes que aceptármela…

- ¿Cuál es esa proposición?- dijo ella

- Tendrías que esperar hasta el día del matrimonio, esa noche te convertiré y a partir de ese momento y de ese día serás una vampiresa.

- De acuerdo, esperaré hasta ese día, mientras tanto mejoro mis hechizos y en los conjuros.

Damion puso una pequeña sonrisa en su pálido rostro, mientras se iba. Morgane se fue mientras tanto a la biblioteca, a mirar algo de arquitectura, para poder hacer un hechizo al castillo y cambiarlo al de una mansión de lujo, solo iba a respetar las grandes salas interiores y el cementerio.



Iba pasando los días, eligieron para el día de la boda, un día de invierno, especialmente en el mes de diciembre; Morgane pudo al fin convencerse a sí misma en hacer el conjuro de los muertos, hablar con ellos y revivirlos. Revivió a un antiguo párroco, uno de la familia de Damion y de confianza, mejoró en invocar a seres mitológicos, sobre todo a los dragones, a los cuales resucitó a uno de su letargo, y que junto a las gárgolas, iba a proteger ese lugar. En cambio al castillo, cuando obtuvo bastante información sobre arquitectura, lo cambió externamente en una lujosa mansión renacentista, de muros gruesos, conservando los grandes ventanales, a los que les puso externamente barrotes de hierro forjado, quedando así la fachada de gran impresión de lujo y de protección, conservando el hechizo hasta la eternidad. Incluyó en el conjuro una gran sala especial, una gran sala de bailes, para invitar a las gentes, para su futura sed de sangre.



Meses después de la pedida de matrimonio, en pleno invierno y mes de diciembre, llegó la fecha elegida, Morgane y Damion, se contrajeron en matrimonio, en la más estricta intimidad, y Damion cumplió su promesa, en esa misma noche, convirtió a Morgane en una ser de la noche.



Pocos días después iban poco a poco a los pueblos cercanos a la gran mansión; las gentes los veían siempre de noche, vestidos de grandes lujos, Damion y Morgane se hicieron pasar por gentes adineradas, como un matrimonio de la nobleza; iban invitando a las gentes de la aristocracia, querían hacerse llegar a las gentes poco a poco, e incluso invitaron a su lujosa mansión, iban a hacer una gran fiesta, para ir conociéndose mejor, lo que no sabían esas gentes que eran vampiros y les guardaban una gran sorpresa….

Al cabo de un tiempo, hicieron la gran fiesta en la gran sala de baile, Damion y Morgane, eran los anfitriones, fueron muchas personas de los alrededores, de la alta sociedad de los pueblos y ciudades que estaban alrededor de la mansión, iban llegando poco a poco en sus lujosos coches tirados por caballos, cuando todos los invitados llegaron empezó a escucharse música de fondo, tocaba una orquesta con violines, chelos y un gran piano, la gente se animó a bailar, Damion y Morgane solo miraban atentamente a sus invitados mientras hablaban entre ellos, hasta que en un momento Morgane vio a un muchacho joven, de alrededor de unos 26 años, y le dijo a Damion:

- Cariño, ¿ves a ese chico de allí del fondo, tan solitario?- le comentó Morgane a su marido.

- Si, lo veo, ¿por qué me lo dices?- dijo él en un tono algo preocupativo

- Podría ser tu futuro heredero, tu futuro hijo, si lo conviertes.

- No sé Morgane, parece que no podrá nunca estar en nuestro mundo, viviendo en la eternidad tan fácilmente como podemos vivir nosotros.

- Es una oportunidad que tienes, podrá ser tu heredero, y podrá vivir eternamente junto a nosotros, no sufriendo como el resto de los mortales que hoy nos presiden en esta sala.

- Es una opción, Morgane, me lo pensaré antes de que termine la noche, y mucho antes de que termine esta fiesta, te lo prometo.

Morgane asintió con la cabeza, y se fue un momento hacia fuera de la sala, necesitaba un poco de aire, se veía un poco agobiada de estar rodeada con tantos mortales, una mujer la siguió, pensando que eran otra cosa, Morgane se percató que la seguían, miro levemente hacia atrás y vio a la mujer, cuando siguió un poco más adelante, se paró en seco, y empezó a hablarle a la mujer:

- ¿Qué quiere señora?- le dijo Morgane a la mujer.

- Solo quería saber, si vos os encontrabais bien, señora, os he visto salir, y me he preocupado.

- Si, no se preocupe por mí, sino por vos, señora- dijo Morgane, mientras se daba media vuelta.

Y antes de que la mujer pudiera decir algo más, Morgane se abalanzó hacia al cuello de aquella mujer, pudiendo así saciar su sed de sangre, pero no del todo, quería aún más; y con el cuerpo de aquella señora, como pudo, lo arrojó fuera de la mansión a través de un hechizo y sin que se enterase ninguno de sus invitados, volvió a la fiesta, junto a su marido, como si no hubiera pasado nada. Cuando llegó al lado de Damion, éste comenzó:

- ¿Dónde está la mujer que te ha seguido?- le preguntó a ella.

- ¿Tú qué crees?, me he alimentado de ella- le comentó en susurros para que no escuchara nadie

- Vos tendría que ser más discreta, a ver si nos van a descubrir lo que somos en realidad.

- No te preocupes, amor, he tomado precauciones, recuerda que también soy una bruja, puedo hacer lo que sea sin hacer ruido alguno, mira lo que puedo hacer ahora.

Morgane cojió y con un solo chasquido de dedos, paró el tiempo, y con otro chasquido volvió a reaccionarlo, y las gentes de la fiesta no se percataron de nada, solamente el chico que le dijo Morgane a su marido, que se dio cuenta de lo que había pasado, ya que a él no le ocurrió nada en absoluto, Damion se dio cuenta, y le dijo a Morgane antes de que empezara a hablar el joven:

- El chico que has elegido, se ha dado cuenta de lo que has hecho, hay que tener cuidado con él.

- Si, lo sé, es el elegido, tu futuro heredero, le ha pasado lo mismo que a mi cuando me elegiste- dijo ella, que siguió hablando entre susurros- Ya te había comentado que iba a ser él, el que siguiera tu legado.

- Me lo he intuido, he podido leer en parte su mente en este rato de tu ausencia, sé que no es su mundo, el de la alta aristocracia, su corazón está apagado aunque siga latiendo, su alma es oscura igual que la nuestra, vamos a alimentarnos, ya es la hora.

Morgane, con un nuevo chasquido, paró el tiempo, mientras Damion iba acercándose a ese joven, que su esposa había elegido como su heredero, cuando llegó a su altura, empezó el joven a hablarle, con un tono de terror a lo que estaba sucediendo:

- Mi señor, ¿qué es lo que ocurre aquí?, es como si se parara el tiempo- dijo el joven muy asustado

- No te preocupes, joven amigo- le dijo Damion al muchacho- sé que no me vas a creer lo que vas a escuchar.

El joven aún más aterrorizado, no sabía hacia donde ir, ya que el mundo se había paralizado

- Dime lo que quieres, pero no me haga daño- dijo el joven con voz temblorosa

- ¿Cómo os llamáis, mi joven amigo?- preguntó le Damion.

- Me llamo Edward, mi señor, ¿qué queréis de mi?

- Sé que no aguantáis estar en esta sociedad, vuestra alma es tan oscura como la de mi mujer y la mía, solo quisiera haceros una vida mejor, si vos me lo permitís.

- ¿Qué vida mejor?- preguntó el joven Edward.

- Si vos me lo permitís, mi mujer os hará una pequeña demostración. Morgane actúa, hazle a nuestro joven Edward una pequeña demostración.

Morgane, eligió a un señor esta vez y cerca del joven Edward, y dio un mordisco en el cuello de su víctima inmóvil, absorbiendo así su sangre. Edward se quedó impactado, no sabía que es lo que ocurría en esa sala, Damion prosiguió con su conversación con el joven:

- Somos los últimos vampiros de esta sociedad corrupta, eres nuestro elegido, mi futuro heredero, te estoy dando una vida eterna, sin corrupción, sin envejecer, sin enfermedades ni nada, solo estar con nosotros y en esta gran mansión..

- Yo…, yo…- el joven Edward no sabía lo que le estaba ocurriendo, no sabía del todo lo que pasaba, pero sabía que Damion llevaba razón, el ya no quería estar en ese mundo corrupto, así cuando estaba seguro de lo que quería, comenzó a decirle- Lleváis razón señor, este mundo está demasiado corrupto, no quisiera estar aquí, decido en que me convirtáis.

Morgane, se acercó junto a su marido ay al joven Edward, y le dijo a su marido:

- Es tu turno, cariño, te toca a ti, convierte a este joven llamado Edward en uno de nosotros- le dijo Morgane a Damion entre susurros.

Damion se acercó a Edward con una extremada rapidez y le mordió en el cuello, absorbiendo parte de su sangre, el cuerpo del joven se iba debilitando poco a poco, luego Damion hizo lo mismo que a su mujer, le dio parte de su sangre, para poder así completar la conversión; lentamente Edward fue recuperándose, y Damion le dijo:

- Ves a todas estas personas inmóviles, mi querido Edward- comenzó así Damion- Ahora son tu alimento, ve a por ellos

- Si, mi señor- dijo Edward en voz baja, y empezó a alimentarse de todas aquellas personas.



Iba pasando el tiempo y los días, el joven Edward era uno más de la familia, ya era el único hijo de Damion y Morgane, pero hasta que un día se torcieron las cosas; las gentes de los distintos pueblos, que estaban alrededor de aquella mansión hicieron y escucharon rumores sobre la aristocracia, y fueron a aquella mansión, iban a hacer una guerra, iban a matar a Damion y Morgane. Cuando Morgane, Damion y su hijo Edward se enteraron, no pudieron hacer mucho, no pudieron prepararse, lo único que pudo hacer Morgane, era encerrar a su único hijo en la mansión, diciéndole:

- Hijo mío, no salgas de aquí, mientras que estamos fuera, si bien muramos, estarás protegido, y aunque estás solo, estaremos los dos protegiéndote en la lejanía, y los libros de la biblioteca, te servirán, prométeme que protegerás este sitio- dijo Morgane entre lágrimas

- Te lo prometo- dijo Edward, también entre lágrimas

- Hijo, nunca estarás solo, te lo juro- le dijo Morgane, dándole a su hijo un beso en la mejilla.



Damion y Morgane, con todo su pesar de su hijo, se fueron hacia la calle, Morgane realizó su último conjuro, protegiendo la mansión, y protegiendo a su hijo de algo peor que la muerte, su sufrimiento mientras lo mataban. La muchedumbre enfurecida vio los cuerpo de las personas de la aristocracia en el cementerio de la mansión, a Morgane la cojieron cuando decía sus últimas palabras del hechizo, a Damion, poco después en un momento de descuido, cuando buscaba a su mujer, no pudieron defenderse de la muchedumbre enfurecida, la muchedumbre cuando ya estaban los dos juntos, lo ataron a un póster, y les quemaron vivos, por motivos de brujería y de asesinato, un cura les dio sus últimas bendiciones; mientras tanto, Edward lloraba desconsoladamente dentro de la mansión, ya que eran su única familia, y los únicos que le había querido como un hijo, ya que no podía salir hasta que no se fuera la muchedumbre y ya que estaba la mansión protegida por un conjuro.

Cuando se fue la muchedumbre, con su sed de venganza, pudo salir Edward de la mansión, era ya de noche, sus lágrimas ya se habían secado, cojió a su única familia, hizo dos agujeros en el suelo y los enterró a ambos juntos, uno al lado del otro, como marido y mujer que eran, Edward en cambio siguió viviendo, durante toda su eternidad, con una cosa en mente, venganza por sus padres, y siguiendo el legado de su padre, ser un ser de la noche….





CONTINUARÁ…

viernes, 3 de septiembre de 2010

Mundo en soledad

Mi mundo es estar sola, entre lugares que nunca he pisado, miedo a lugares que me encuentre totalmente sola. Miedos a estar ahí, en esos lugares, pero hay algo que hace que camine hacia delante. Sé que estarás a mi lado, pero estás lejos, aunque me gustaría que estuvieras a mi lado, cosa que nunca harías por mí al menos en este momento, aunque lo desearía hasta la eternidad. Quisiera andar contigo entre las tumbas, entre la noche, la niebla y las estrellas, contándonos cosas que podrían sucedernos, hablando de nuestra larga eternidad, sin embargo no estás conmigo. Nunca pienso que no estás aquí, pienso que estás a mi lado, a pesar de una larga y misteriosa lejanía, pero no quieres estar aquí, aunque te lo pida de rodillas. Quisiera atravesar todo lo oscuro que me rodea contigo, nunca estar sola, sin embargo ya me olvidaste, a pesar de todo. Mi vida ya no tiene sentido, sin ti y sin nuestra noche, pero el olvido te ha cegado, ya no eres el mismo al que conocí este tiempo atrás, ya me olvidaste, aunque mis ojos estén inundados de lágrimas, lágrimas que algún día se secarán y ya no sufrirán por ti, ya que un corazón destrozado nunca podrá recomponerse, aunque me digas perdón…

jueves, 2 de septiembre de 2010

Reescribiendo historias

Reescribiendo historias, cuentos que no se ve en la vida normal, haciendo que esta vida tenga algo de sentido. Volviendo a lugares olvidados por la humanidad,  recreando su historia, leyendas olvidadas, creando algunas nuevas.
Volviendo mis pasos, a aquellos caminos que nunca recorrí, viendo grandes estatuas, lugares con grandes bosques, sitios remotos y esconcidos, queriendo no volver a mi hogar, olvidarme de él, ojalá me quedase en esos lugares lejanos, tan embellecedores y sombríos a la vez.
Solo voy creando versos y prosas, palabras que pueden llegar al añma si se leen bien, para poder seguir hacia delante. Pero durante la noche, mi alma se escapa de este cuerpo, para irse a lugares muy remotos, a los que no conozca,y menos la humanidad, volviendo cada mañana a mi cuerpo cuando se despierta, estando así en simples recuerdos en mi memoria, que con el paso del tiempo se olvidan, y algunas veces se quedan como pequeños destellos de esos lugares tan lejanos