domingo, 10 de enero de 2010

dos reinados unidos a un mismo destino

Un proverbio antiguo dice: “todo pasado, fue mejor”, eso en realidad no es así, hace un tiempo atrás, en un reino antiguo difícil de recodar. Era un reino en mitad del océano, era una pequeña península, un archipiélago grande, una superficie difícil de recordar. En este reino estaba dividido en dos reinados, enfrentados entre sí; estaba el reinado de la luz, cuyo rey se llamaba Anaim, y el reino de las sombras, con su rey llamado Electros. Siempre estaban en guerra, lo único que les separaba entre ellos era un bosque demasiado frondoso, con muchos árboles y arbustos, lo que era difícil manejarse dentro de él e incluso hubo personas que se perdieron dentro de ese bosque, el cual desde su antigüedad le llamaban el bosque de las ánimas.

En estos dos reinados, cada rey tenía un hijo, Anaim tenía una hija que se llamaba Lunia, y Electros tenía un hijo que se llamaba Aetel. Ambos hijos de los dos reyes tenían la misma edad, Lunia era una chica que era mitad ángel y mitad hechicera, que ayudaba a su padre y a su reino a tener buenas cosechas y para enseñar a su padre a conjurar hechizos para sus batallas; Aetel sin embargo era mitad vampiro y mitad demonio, hacía que sus guerreros se duplicasen cada vez que morían y al ser vampiro se alimentaba de sangre en el terreno donde se producía la batalla. Estos hijos se entrenaban para sus futuras batallas, cuando fueran reyes; en el lugar donde se entrenaban cada uno era en la periferia de ese bosque.


Lunia tenía prohibido la entrada al bosque a través de su padre, ya que le contó centenares de historias de gente desaparecida y seguramente muerta con el tiempo. Aetel no tenia la entrada prohibida, sino que al principio no quería entrar a ese bosque, que desde pequeño no le llamaba la atención de entrar allí. Hasta con el paso del tiempo, Aetel entró a ese bosque, siniestro, oscuro, denso, por una parte por curiosidad y por otra parte para entrenarse; después de transcurridas unas horas y cuando ya estaba atardeciendo, quiso darse media vuelta, para volverse a su reino, pero cuando se dio cuenta, y mirando a todas partes vio que no se podía escapar de ese lugar, y juró y gritó a los cuatro vientos que saldría de ese sitio, aunque la costara la vida misma en salir. Aetel ya agotado buscó un refugio para poder dormir y descansar; se subió a un árbol, dobló algunas ramas, buscó algo de comida, comió y se echó a dormir.
Al cabo de unos días, Lunia después de haber tenido varias pesadillas sobre un mismo tema, una rosa negra; una persona, en realidad un hombre que nunca había visto, pero siempre que soñaba con él no podía distinguirle la cara, siempre la tenia borrosa, y también incluso soñaba con una especie de vida romántica con él pero un tanto extraña, cuando se levantó se dijo entre sus pensamientos: “Que raros me parecen estos sueños; la rosa negra, ese hombre que no consigo reconocer bien la cara y que recuerde, nunca lo he visto, y esa vida que tenemos entre él y yo fuera del alcance de nuestra familias y que nunca he estado, es algo extraño y difícil de entender, si tengo ese sueño de nuevo, miro en mis libros antiguos, para ver el significado.” Lunia se dio su pequeño baño diario, se cambió y se fue a la sala dónde ella y su padre desayunaban; ya su padre la estaba esperando para desayunar, y cuando ya Lunia entró y se sentó al lado de su padre, éste le dijo:
- ¡Vaya!, ya has bajado, ¿qué te ha pasado para tardar tanto?
- Nada, padre- dijo ella- sólo que he vuelto a soñar lo mismo, ese sueño que se ha repetido estos días.
- ¿Sí? ¿Se te ha vuelto a repetir?¿Has mirado en tus libros antiguos para poder tener tus respuestas?- preguntó su padre Anaim.
- No, todavía no- dijo Lunia- pero he pensado que si otra vez se me repite ese sueño, los miro para sacar mis propias conclusiones, es que me resulta muy raro: la rosa negra; ese hombre, que es un tanto extraño y misterioso y todo lo que le rodea; no sé padre, me resulta muy extraño todo esto.
- No te preocupes- dijo Anaim- tengo una pequeña noticia para ti y casi lo más seguro que te alegres.
- ¿Cuál noticia? A ver, cuéntame
- A ver, uno de nuestros mensajeros, Xabias, el que puede hablar y entenderse con las aves, me ha dicho que Aetel, el hijo del rey de la oscuridad y nuestro eterno rival, ha desaparecido en el bosque de las ánimas, se encuentra casi en el centro de ese bosque maldito y no puede salir, lleva desaparecido varios días, si sigue así y dudo de que pueda sobrevivir, en un futuro no habrá más guerras, y tú, querida hija, saldrás victoriosa y habrás ganado esta dura batalla, que ya lleva muchos años y parece no terminar.
- ¡Je je! No me lo puedo creer,- dijo ella entre risas- pensaba que nunca pasaría esto, pero me alegro, y espero que ese ser tan oscuro, como su padre, nunca salga de allí, pero…
- Pero ¿el qué, hija?- preguntó Anaim.
- ¿Cuántos días lleva desaparecido? Si se puede preguntar, claro
- Unos cinco o seis días, aproximadamente, ¿por qué?
- No, por nada, sólo por curiosidad, nada más- dijo ella.
- No serán por los sueños que tienes, ¿verdad?- dijo Anaim
- No, papá, esos sueños los tengo desde hace más días, empecé a decírtelo hace poco, para ver como me podías ayudar, no te preocupes no es por esos sueños.
Lunia terminó de desayunar, se cambió y se puso su vestimenta de lucha para entrenarse en combate, practicar y mejorar sus hechizos.


Aetel, desde que entró en el bosque, también tenía los mismos sueños que Lunia, pero en sentido inverso a ella, el no podía distinguir la cara de esa mujer. Pero a Aetel no le pasaba lo mismo que a Lunia, prefería dejar pasar esos sueños, no le interesaba demasiado su significado, y ya menos lo que podría pasarle en un futuro, lo único que quería era salir de ese bosque, estar de nuevo en su reino, en su casa, ya que se imaginaba que su padre, Electros, estaría preocupado por él, y desearía que estuviera junto a él, sobre todo cuando le sucediera la corona.

Después de un tiempo, el reino de la luz, Lunia todavía soñaba con ese tipo de sueños: la rosa negra, ese hombre…; hasta que un día nublado cogió sus libros antiguos y empezó a leer y a buscar un significado, ella ya no podía aguantar más, para ella era un tormento, el cual ya no aguantaba, era un sufrimiento muy grande, y tenía que dar ese paso, uno importante. Sin embargo, después de haber estado leyendo lo único que pudo deducir fue, en un libro de profecías, que le regalo su madre antes de morir, y ponía en las últimas hojas, una profecía un tanto extraña, que decía:
“Un futuro, un tanto extraño y algo lejano, los dos reinos opuestos, encontrarán la unión a través de una ceremonia, por amor, pero nunca serán bien recibidos por ambas partes, e incluso después de la muerte, sus almas vagarán hasta que se encuentren, ya que es un amor verdadero, aunque sus gentes no lo acepten, y se amarán hasta el fin del mundo, y esta tierra ya no exista, por fuerzas mayores al hombre y al esto de los seres vivos”
Lunia reconoció esta letra, era de su madre, empezó a pensar cosas extrañas, dedujo que podría ser ella, y se dijo así misma: “a lo mejor seré yo que vaya a casarme con mi eterno rival, aunque lo dude mucho, nunca lo he visto y siempre hemos estado enfrentados desde el principio de los tiempos, no puede ser, bueno en eso hay una manera, entrando a ese bosque y enfrentarme a él”. Preparó un manuscrito dirigiéndose a su padre: “Lo siento padre por haberme ido sin avisar, sobre todo por entrar a ese bosque en donde tantas muertes ha habido, por ser un lugar lleno de maldición y temor, lleno de tristeza por los seres que hallamos perdido, debo penetrar en aquel lugar el final de mi destino está allá dentro, y debo enfrentarme al destino que desde hace siglos deseamos que terminara, ojalá entendieras mi ida allá, parte de la respuesta esta en el libro de las profecías que me regaló nuestra reina madre, ahí encontrarás parte de mis actos entrando en el bosque, te pido y te pediré mil perdones, pero la decisión ya está tomada, siempre te querré”. Lunia preparo su vestimenta y se fue a la senda y entrada al bosque de las ánimas. Ella decidió irse de noche, para no levantar sospechas; dejó el mensaje en un papel viejo encima del libro de profecías, abierto por la página donde se encontraba la profecía escrita por su madre. Cuando llegó la hora de irse y estaban todos durmiendo, Lunia entró por un pasadizo secreto que le enseñó su padre cuando era niña, y no salir por la puerta principal para salir al exterior del castillo y no levantar sospechas. Al llegar al exterior salió corriendo hacia el bosque de las ánimas, Lunia tenía algunos temores ya que no sabía lo que se iba encontrar ahí dentro, pero también estaba decidida a acabar con un destino, que ella en parte conocía. Transcurrido las horas, se empezó a ver entre la maleza los primeros rayos del amanecer y Lunia solo había recorrido unos pocos kilómetros desde que entró en el bosque; cuando ya había la suficiente luz para saber donde caminaba, buscó algo de comida, para bastarle hasta que pudiera encontrase con su adversario o al menos para varios días. Mientras tanto en su reino, su padre harto de esperar para desayunar con su hija como todos los días, decidió ir a sus aposentos y cuando vio la habitación vacía y la nota junto al libro y al lado de la cama pensó en todo lo peor; al final, en el momento en que leyó la carta de su hija rompió a llorar; porque tenía una pequeña intuición de que ya no la volvería a ver, y en poco se equivocaba….

Aetel, por su parte, en el momento en el que se despertó y levantó, notó una situación extraña en su interior, algo que nunca le había ocurrido y se preparó por si ocurriese alguna situación inesperada, y estaba en lo cierto, tarde o temprano s iba a enfrentar contra Lunia, su adversaria, su eterna rival…
Al cabo de más de una semana, Lunia llegó al centro del bosque de las ánimas, y miró a su alrededor, solo vio maleza y árboles de distintos tamaños, todo parecía bastante normal, solo pasó media hora, momento en que llegó Aetel; sus ropas estaban desgastadas después de estar allí dentro poco más de dos meses sin poder salir, los dos se miraron, y Aetel dijo:
- ¿Quién eres y qué haces aquí?
- Tú deberás de ser Aetel, el príncipe de la oscuridad, ¿verdad?- dijo ella
Aetel se mantuvo por unos minutos en silencio, la miró directamente y dijo:
- Eso a ti no te incumbe, y a mi pregunta no has respondido
- No te la respondo- dijo ella- supongo que no sabrás en estos momentos ni quien soy…
Aetel la miró fijamente, dudó por unos segundos; cuando ya supo de quien se trataba y echó una media sonrisa, hasta que Lunia saltó:
- ¿De qué te ríes? ¿Acaso te hago gracia alguna?
- No, me río porque me parece muy extraño, que mi eterna rival haya venido hasta aquí y sola, sin compañía de aunque sea de algún guardaespaldas, y por eso…
- ¡Cállate! He venido sola a enfrentarme a ti, no de estar hablando; como si de un comercio o tratado de paz fuera todo esto
- Vaya, vaya, una princesita con muchas agallas dudo de que todo esto se acabase del todo bien, no podrás apenas derrotarme, recuerda que tengo poderes de un demonio y la rapidez de un vampiro, sobre todo si busca sangre para poder alimentarse
- No me importaría morir, si con ello dependiera…- Lunia se quedó un tanto perpleja, ya que recordó por un instante la profecía, y no quisiera que ocurriese, quería enfrentarse a él, y así poder matarle y acabar con toda esa farsa
- ¿Dependiera el qué?- preguntó Aetel, con un tono desafiante
- Dependiera mi trono y mi vida con ello, y acabar contigo y con esta guerra
- Ja ja ja, no me hagas reír, lo dudo. Y en un abrir y cerrar de ojos Aetel se puso por detrás de ella y le agarró los dos brazos con una sola mano y le susurró al oído: Yo creo que es por otra cosa a la que has entrado en el bosque, ¿no serán por unos sueños que aparece una rosa negra?, ¿me equivoco?
Lunia se sorprendió bastante, se quedó boquiabierta, con los ojos muy abiertos, no sabía ni qué hacer ni qué decir, hasta que al final Aetel le dijo:
- No te creas que al final caeré en tus redes, para volverme un santo, al final seré yo quien gane esta batalla…- en ese momento Lunia le entró un ataque de cólera, y le arremetió unos golpes a su contrario, para dejarle en el suelo, en el momento en el que Aetel se estaba levantando, Lunia le echó un hechizo, haciendo formar una ráfaga de vientos fuertes, que hizo volver a tumbar a su adversario, y que se quedara inconsciente en ele suelo al golpearse la cabeza contra una roca.

Lunia dudaba en aquella situación, no sabía que hacer, pero tenia que pensar rápido, ya que su contrincante podría despertarse en cualquier momento, hasta que vio cerca de ella unas cuerdas aparentemente fuertes y resistentes, las cojió y ató a su rival a un árbol cercano, cuyo tronco era bastante recio y esperó algunas horas hasta que Aetel recobró la conciencia. Hasta que recobró la consciencia, Lunia preparó a su rival un plan que tenía que aceptarlo, mientras que echaba un conjuro a las cuerdas por si tenia intenciones de escaparse, para que pudieran salir, sabía que se estaba rebajando, pero de alguna manera tenía que hacerlo, y así sin que é lo supiera, lo llevaría a su reino y ya así y con la ayuda de sus tropas lo acorralarían y lo matarían, y así acabaría todo. Cuando al fin Aetel se despertó, miró a Lunia que estaba delante de él, con mirada fija y directa, y ella ya le dijo:
- ¡Al fin despiertas!
- Eso ha sido un golpe bajo, para dejarme inconsciente y atarme a este maldito árbol- dijo él intentando quitarse las cuerdas que tenía alrededor
- No podrás quitártela, si es lo que intentas, le he echado un conjuro, para que no se quitara con facilidad, y si lo llegas a hacer, las mismas cuerdas te electrocutarían- dijo ella mirándole a la cara de él, mientras que Aetel la miraba con cara de sorprendido- Tengo un trato para ti, tienes que aceptarlo por el bien de los dos
- ¿Yo? ¿Un trato contigo?, ni hablar, preferiría estar muerto, antes que hacer un trato contigo- dijo él
- Entonces no te desato, hasta que lo aceptes, va a ser por el bien de los dos, no habrá beneficiario
Aetel se quedó un tanto pensativo, era una pequeña solución, a lo mejor si se llevara bien con ella, podría salir de aquel lugar, y volver a su reino, hasta que lo recapacitó tardó bastante rato, mientras que Lunia daba vueltas a su alrededor y mirando de un lado a otro, para haber si recordaba algo del sueño, mirando aquellos árboles y aquella zona donde estaban los dos.
- ¡A ver!, ¿cuál es esa propuesta? dijo él, llamándole así su atención.
- He estado pensando mientras que estabas inconsciente, que podríamos llevarnos bien, mientras que estuviéramos aquí dentro los dos, hasta que podamos salir de aquí, ya sabes que le llaman a este bosque el de las ánimas…
- Sí, lo sé, lo he pensado bien, pero hay una condición…
- ¿Cuál condición?
- En tu estés en tu sitio y no te metas en mis asuntos, hasta que podamos salir de aquí, tanto tú hacia tu reino, como yo al mío
- De acuerdo, me basta y me sobra, mientras tanto…
- Mientras tanto, ¿el qué?
- Te quedarás ahí atado por una pequeña temporada, hasta que me demuestres que me puedo fiarme de ti
- ¿Por qué? ¿Es que no te fías de mí?- preguntó Aetel
- No, no me fío de ti, como sabrás que somos eternos rivales, y serás capaz de matarme mientras estoy durmiendo
- Si si, ya te lo he dicho antes, que tú en tu sitio, y yo en el mío, mientras que no me molestes, y yo no te molestaré a ti
- Pues por ahora no va a ser así, por ahora te quedas ahí atado, hasta que vea que son ciertas tus palabras
Aetel prefirió callarse, para que así Lunia pudiera confiar en él

Iba pasando el tiempo, Lunia empezó a confiar en Aetel, ya que sus palabras decían la verdad, así que decidió un día lluvioso en soltarlo para que pudiera buscarse su comida y beber agua. Mientras tanto en el reino de la luz, el rey Anaim, cayó enfermo, iba empeorando cada día que pasaba, sobre todo de no ver a su queridísima hija, hasta que una noche de un frío intenso le dio un infarto al corazón, murió sin poder ver a su hija. Lunia mientras tanto, en mitad del bosque, mientras que dormía, se incorporó bruscamente, tuvo un sueño, que vio a su padre como moría, y no pudo decirle adiós; Lunia, se puso a llorar desconsoladamente, sin saber la causa de la muerte de su padre, pero pasó algo inesperado, su padre apareció como un espectro, y le susurró al oído: “ Hija, morí por un infarto, pero en realidad ha sido más bien por pena de no haberte visto en vida, leí tu carta, y también la profecía, haz lo que creas que tienes que hacer, sigue tu corazón y la intuición, esos serán tus mejores aliados…” y de repente se esfumó entre la nada.
Aetel mientras tanto, en su dormir, soñó de nuevo la rosa negra, el bosque, y la mujer, que al fin pudo reconocer la cara, era la de Lunia, la que le entregó la rosa negra en sus sueños, la que algo pasaba, pero aún no sabía el qué; Lunia a través de una pequeña intervención de telepatía, ya que noto a Aetel como nervioso en sus sueños, vio ante sus ojos lo que él soñaba, se le cambió la cara a un tono pálido, de repente él se despertó, y miró a Lunia, que estaba retirada de él y sentada al lado de un árbol, y éste le dijo:
- ¿Qué haces ahí sentada? ¿Te ha ocurrido algo? ¿O es que me temes y no te has dormido aún?
- Eso a ti no te interesa, y además no es por ti, es por mi padre, ha fallecido
- ¿Y cómo sabes eso?
- Porque soy hechicera, y puedo predecir cosas, incluso hasta la muerte de alguien cercano a mi
- ¡Bah!, no me interesa ese asunto, hay otras cosas más importantes, cómo el poder salir de aquí.
Lunia se quedó un tanto pensativa, pero las palabras que salieron por parte de Aetel no le hicieron gran efecto hacia a ella

Iba pasando los meses, y Aetel y Lunia, no sabían cómo salir del bosque de las ánimas, iban dando vueltas, haciendo círculos, mientras tanto el tiempo los iba juntado aún más, haciendo que los dos tuvieran un cariño especial, un cariño que nunca se pensaron que les iba a suceder, entre tanto los sueños que ellos dos habían mantenido casi a la misma paz ya les dejaron de perseguir y de existir, nunca más volvieron a tener esos sueños, la rosa negra, y la situación a la que se encontraban. Se hicieron una pequeña casa entre la maleza para cubrirse de los animales y para cubrirse de la lluvia. Lunia se le olvidó por completo la muerte de su padre, el porqué entró al bosque, y sobre todo de la profecía a la que había echo entrar allí, lo único en lo que pensaba era en estar con él y junto a él, lo demás le importaba más bien poco, hasta que un día, que Aetel llegó a la casa que se hicieron, y le preguntó:
- Lunia, ¿te puedo hacer una pregunta, que me viene atormentando desde que he estado viniendo de la caza?
- Si, por supuesto- respondió ella
- ¿Tú por qué entraste aquí?
- Ahora mismo no lo recuerdo, han pasado ya muchos meses desde que entré, y muchas cosas olvidadas desde que estoy aquí, ya no recuerdo ni como era mi reino, y ni siquiera he pensado en volver, ¿por qué me preguntas esto?- preguntó ella
- No sé, es que me lo había cuestionado, pero no te preocupes, no pasa nada- contestó él
Lunia se quedó un poco extrañada, pero lo dejó pasar, prefirió que fuera agua pasada, y no tener que pelearse con la persona que amaba

Un día después que Aetel llegó de la caza, y trajo una buena presa para la cena, le comentó a Lunia una buena oferta, diciéndole:
- Quisiera llevarte a un sitio especial que he encontrado, mientras que en estos días he ido a cazar, me gustaría enseñártelo
- ¿De verdad?, me gustaría verlo hoy mismo, después de la cena
- Tendrá que ser mañana, tengo que preparar una cosa, es una sorpresa en la cual no podrás olvidarla nunca
- Dame una pista aunque sea, por favor
- No, no puedo darte ninguna pista, las sorpresas son así, no se pueden decir nada, porque sino se pierde la ilusión y no es lo mismo
- ¡Vaya! Al final me vas a dejar con toda la intriga, bueno esperaré hasta mañana
Para Lunia se le hicieron las horas interminables, demasiado intensas, mientras que para Aetel el tiempo era en contrarreloj, y tenía que quedar todo perfecto, para esa sorpresa que tenía reservada para Lunia. Cuando llegó el día siguiente, Aetel llevó a Lunia al lugar donde quería darle la sorpresa, era un barranco frondoso, donde se veía a lo lejos las montañas y un atardecer, y al fondo un riachuelo, Lunia no podía salir de su asombro, se quedó perpleja, no sabía que decir, hasta que le preguntó Aetel:
- ¿Cómo ves todo esto? ¿Te gusta?
- Si si- dijo ella, intentando salir de su asombro, observando la belleza que tenía ante sus propios ojos
- Pues esto todavía es poco para lo que viene ahora- dijo Aetel mirándola a los ojos.
Lunia, aún más sorprendida le preguntó:
- ¿Qué es lo que viene ahora?
Aetel en ese momento sacó una rosa negra de su bolsillo, aún fresca, ya que la cojió momentos antes de buscar a Lunia, y le dijo así:


“SÉ QUE SOMOS DISTINTOS;
DISTINTOS REYES Y DISTINTOS REINOS,
PERO LO QUE SIENTO POR TI,
VA A MÁS ALLÁ DONDE SE ENCUENTRA ESTE HORIZONTE,
MORIRÉ POR TI, Y TE QUERRÉ HASTA
EL FINAL DE MIS DÍAS QUE ME
QUEDEN DE VIDA, PERO LA VIVIRÉ
SI ESTÁS TÚ JUNTO A MÍ”

Y de repente Lunia empezó a llorar, no se l creía lo que le acababa de ocurrir, ella le quería y también quería estar con el, aceptó la rosa, la olió y se la puso en el pelo, mientras se quedaron allí durante bastante rato, viendo terminar el atardecer y escuchando el cantar de los pájaros; para Lunia, fue la mejor velada que tuvo desde que entró en el bosque, y sobre todo con una persona como era Aetel, pero hubo un pequeño detalle, en un momento recordó la profecía de su madre, demasiado leve, y pensó hacia sí misma, que preferiría morir antes que estar con la persona que en aquellos momentos quería.

Pasaron los meses allí dentro, se recorrieron todo el bosque, hasta que un día determinado de otoño, y sin saber como llegaron a la frontera del reino de la oscuridad, Lunia se quedó totalmente perpleja, e hincada en ese lugar, mientras tanto Aetel echó una pequeña sonrisa, y le dijo a Lunia con un tono de felicidad:
- Estamos en mi reino, vamos a saludar a mi padre.
Lunia no se lo podía creer pero era cierto, estaban los dos en el reino de la oscuridad, ella se quedó paralizada, no sabía lo que hacer, tenía dos opciones, o irse con la persona amada o darse media vuelta y protegerse en el bosque; Aetel la animó, y le juró que no le ocurriría nada malo. Cuando llegaron a la puerta del castillo, Aetel llamó a la puerta, y la abrió su antiguo mayordomo, el cual se quedó sorprendido, al ver a su príncipe en la puerta y acompañado por una muchacha, pero de todas formas los dejó pasar con una sonrisa, y fue a la sala donde se hallaba su padre en esos momentos, y al entrar le dio la noticia:
- ¡Mi rey! ¡Mi rey!, vuestro hijo ha vuelto del bosque después de tanto tiempo por allí desaparecido
- Hazle entrar, que supongo que querrá hablar conmigo de algo importante- dijo Electros con una tonalidad seria
Aetel entró a la sala con Lunia, Electros se quedó de piedra cuando vio a ella apareciendo por la sala, y le dijo a su hijo:
- Hijo, ¿que haces acompañado con tu rival? ¿Por qué no la mataste en el momento en que la vistes?
- Padre, lo siento, pero ella y yo llegamos a un acuerdo mientras estuviéramos los dos dentro de aquel bosque maldito, y al final terminé enamorándome de ella, lo siento mucho, pero esta tiene que acabar de otra manera, en vez de seguir con esta farsa
- ¡Jamás!- dijo Electros con tono desafiante- Nunca me dejaré ganar, y menos por esa infame y por un capricho tuyo
- Pues si no aceptas que haya paz en esta tierra, has perdido para siempre a tu único hijo y heredero tuyo, no hay otra salida
- Pues lo haré, y haré que ella muera en la hoguera, mientras que tu permanecerás en la torre, encarcelado, y sin poder salir, mientras que ves a tu querida enamorada ardiendo en las llamas del mismísimo infierno
- Eso habría que verlo- dijo ella, enfrentándose a Electros- no me dejaré tan fácilmente que me quemes sin antes luchar contra ti
- Jajaja, eso no lo cuentes- dijo Electros- Yo soy más poderoso que mi propio hijo e incluso más sabio, por lo que veo
Lunia, estaba entrando en un estado de cólera, pero Electros se dio cuenta enseguida, y le echó un conjuro demoníaco, que la dejó inconsciente en el suelo; Aetel viendo el panorama y de la misma furia, se enfrentó a su padre en una lucha a muerte, y Electros en un momento de un descuido de su hijo, le proporcionó un golpe en la cabeza, que también le dejó inconsciente en el suelo, y le dijo a sus sirvientes, con una mirada un tanto misteriosa y desafiante:
- ¡Preparad la galera del torreón, meted ahí a mi hijo y encerrarlo para que pueda ver desde la ventana a su enamorada arder en las llamas! Mientras que a ella atadla, y preparad todo para la hoguera, y hacedlo ahora mismo, si perder ni un segundo.

Los sirvientes en el momento de escuchar todo lo que dijo su rey, empezaron con toda la rapidez que podían hacerlo, terminaron de hacer los preparativos de la incineración momentos antes de que Aetel se despertara dentro de la mazmorra del torreón. En el momento en que Aetel se despertó, se dio cuenta de que estaba encerrado, intentó abrir la puerta y escapar, pero no pudo, estaba bien cerrada, entonces fue hacia la ventana y vio a su padre con una antorcha en a mano, mientras que Lunia estaba amarrada en un poste rodeada de maleza seca, recuperándose del golpe que le habían dado Electros anteriormente, y Electros en el momento en que miró hacia arriba donde se situaba Aetel y le dijo a través de la telequinesia: “Fíjate bien como muere tu enamorada en las llamas del infierno”, y de golpe y porrazo echó la antorcha a la maleza, y empezó a arder todo, incluso Lunia, mientras tanto Aetel empezó a gritar, intentando que le escuchase su padre, y que no ardiera Lunia y que no muriera de esa forma tan brutal, pero su propio padre no hizo mucho caso, y instantes antes de que Lunia muriera, le dijo a Aetel por telepatía: “no te preocupes, yo moriré y mi cuerpo se quedará entre las cenizas, pero mi alma vagará, incluso si esta tierra pereciera, te estaré esperando, para vivir en la eternidad contigo, te echaré de menos mientras tanto, espero reencontrarme contigo pronto”,estas palabras le hicieron a Aetel pensar en una cosa, tenía que morir, vivir sin ella, para él era estar muerto en vida.
En el momento que terminó de arder Lunia, Electro mandó la orden de abrir la puerta a su hijo para que saliera de la mazmorra, Aetel bajó las escaleras, y fue al patio principal donde se encontraba su padre, y éste le dijo:
- Estarás orgulloso de lo que has podido provocar- dijo Electros con un tono agresivo- no te mato a ti también, como tu me has dicho antes eres el único hijo que tengo, y el heredero de la corona y del castillo
- Me da igual, no vas a conseguir este propósito, no seré tu heredero, y menos de este reino, para tu información haré todo lo posible para que este lugar muera conmigo, y tu también y antes de que yo lo haga de mi propia vida
Electros se quedó muy sorprendido de la reacción de su propio hijo, y no le hizo demasiado caso, y le dijo:
- Dudo que hagas esa barbaridad, bueno de todas formas iré a mis aposentos a descansar, y ya mañana será otro día, hoy ha sido un día de mucho ajetreo.
Electros se retiró dejando a su hijo por detrás, mientras que Aetel le miraba con un gesto pensativo, estaba preparando su plan, matar a su propio padre y quitarse esa carga, y para que su alma pudiera ir al lado de su amada Lunia. Esperó bastante rato en sus aposentos, mientras que preparaba una catana para cortar a su padre la cabeza en el período que dormía, y un cuchillo de grandes dimensiones y de plata para clavárselo en el pecho y ya así estar con Lunia. En el momento en que todos estaban durmiendo, incluso Electros, Aetel, afiló por última vez la catana, y fue a los aposentos de su padre, y con un golpe certero, dejó cabeza y cuerpo separados uno del otro; miro por última vez su reino, sabía que sería la última vez que lo vería, conjuró un hechizo e hizo que todo empezara a arder, incluyendo a los que estaban dentro, todo el mundo murió, todo quedó destrozado.
Aetel se fue directamente a una colina, al lado del mar, se suicidó dejando un manuscrito en una piedra, que lanzó al mar antes que se suicidase, que ponía así:
“Un día estuve contigo, un día te dejé,
No sé porque estuve contigo,
Pero ahora muero por ti,
Y olvidarme de mi vida
Quisiera recuperarte de esa muerte
Pero no puedo hacerlo
Quisiera estar contigo,
Contigo hasta la eternidad”
Este manuscrito tallado en piedra se descubrió con el paso del tiempo, en el fondo del océano, la zona solo era agua, por que donde existieron esos dos reinos se extinguió por fuerzas de la naturaleza, y todo ser vivo murió en ese impacto, nadie sabía y sabrá lo que pasó en realidad, pero ahora las dos almas errantes de los dos príncipes se están, para poder vivir juntos hasta el fin de los tiempos
---FIN---

2 comentarios:

  1. Precioso cuento..jeje..ya sabes k tenemos uno pendiente tu y yo..haver si me pongo wuena..y lo acabamos.. ^,...,^ ;)

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  2. claro,tu y yo tenemos algo pendiente,ah!!ya he empezao otra

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